domingo, 2 de septiembre de 2012

DE PELÍCULA




Viendo por n-ésima vez la película El Dictador, de Chaplín, sigo con mi idea de que las cosas no cambian en el tiempo. Somos las personas, que nos vamos acomodando de una u otra forma y aceptamos todo lo que nos caiga encima, porque “¡la vida es así!”

Dentro de ése tsunami arrollador que es la conformidad , la inconsciencia colectiva acepta  cualquier idea, por peregrina que sea. Para ello, los profesionales de la manipulación tienen medios a su alcance más que suficientes.

Así, uno puede –siendo mediocre- rodearse de otros tantos como él, dispuestos a elevarle a las más altas cúspides y a actuar a modo de barrera, de manera que todas las mareas de la disconformidad (si es que surgen), rompan antes de alcanzarle. Puede suceder,  también, que se elija a  alguien ajeno al círculo; una  “cabeza de turco”  cuya única misión sea seguir las directrices que se le transmiten, a fin de proporcionar a sus mentores  cuantiosos beneficios, de los cuales alguna migaja le llegará. También se puede seleccionar, entre la masa, a aquéllos cuya personalidad esté bien definida y que no tengan inconveniente en actuar en contra de sus iguales, siempre que les llegue su parte en el bocado. Y  no hay que desdeñar esa parte de la masa, oscura y gris, dispuesta a seguir cualquier consigna que se le indique, siempre que la propuesta nazca de su líder; no hay que pensar, no hay que comprobar, no hay que estudiar. Simplemente, hay que aplaudir.

Todo esto, aderezado con la sublime razón individual de :”para qué voy a molestarme, nada cambiará”, lleva a situaciones de desastre, asumibles tan sólo porque  colectiva e individualmente se  ha aceptado con naturalidad que “si ellos roban, yo también” y se participa por acción u omisión, en el fraude y la corrupción ignorando, estúpidamente, que “ellos” y “nosotros” no estamos haciendo otra cosa que utilizar el mismo cajón, el de los impuestos, que ni son del Estado, ni del Ayuntamiento, ni de la Comunidad; son tuyos, míos y, “suyos”, naturalmente. Aunque hay una salvedad; mientras nosotros tal vez tengamos la remota posibilidad de no pagar, solo “ellos”  pueden meter mano en el cajón, porque tienen la llave .

…Y se la hemos dado ¡¡¡nosotros!!!

1 comentario:

  1. Debemos ambiar la cerradura y, después que la llave no pueda ser utilizada sólo por unos pocos.

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