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lunes, 13 de noviembre de 2017

PAN




     Un dicho, que no se utiliza mucho actualmente, conviene en que “Cada vez que habla, sube el pan”. Era una forma de decir que las afirmaciones de alguien daban lugar a problemas para los demás.
     Hoy, el pan sube sin necesidad de que nadie hable y quizá,  también,  por el silencio de quien debiera hablar para impedirlo, pero este “quien” siempre es un político y los políticos, en general, manejan acrobáticamente y con total descaro algo que han llamado “programa” que no es más que una serie de ficciones, alguna tal vez realizable, que han sido concebidas por un grupo mínimo de personas (los idearios) que no tienen el menor reparo en utilizar la ley del embudo para hacerlas tragar al resto de ciudadanos.
     El pan, como buena parte de los alimentos, cuesta poco, pero se vende por mucho, aunque, generalmente, el que paga ese mucho es el comprador, el que cobra menos es el productor y el que “se forra” es el intermediario.
     En la política viene a suceder algo así. Si consideramos la nación como un mercado, nosotros, los productores cobramos poco, los políticos bastantes más y los intermediarios, que son los que empujan a los políticos para que procuren que cobremos poco, son quienes se llevan la tajada.
     Esos que empujan a los políticos comen poco pan y, si lo hacen, es porque, además de sacar el jugo a los demás (incluidos los políticos), también les gusta “rebañar” el plato para dejarlo limpio.
     Los que intentamos comer pan nos las vemos y deseamos para encontrar alguno que sea comestible y no una versión rápida de la suela de alpargata barata, que cuando está caliente es relativamente blanda y flexible pero que, cuando se enfría, ya es otro cantar.
     Seguramente, previendo esto de ahora, se inventó aquello de “al pan pan y, al vino, vino”. Aunque hay más de uno que “vino, afanó y se largó “quizá porque hizo su propia versión de “No sólo de pan vive el hombre…”, olvidando que “No hay pan para tanto chorizo”.
     Pero, en fin, habrá más días (espero) para hablar de esto…



lunes, 19 de diciembre de 2016

¿QUÉ VAS A HACER EN LA NAVIDAD?





¿Que vas a hacer en la Navidad,
tan solo jugar a la loteria,
o , tal vez, alguna cosa más?

¿Te acordarás del que sufre,
del que nada puede comprar,
del que roba la comida,
o nada te importará ?

Quizá duermas tranquilo.
¿Qué te puede pasar ?
Tienes dinero y amigos,
la casa has pagado ya.
Tu coche, mejor que ninguno;
tu yate es el "no va más"

Para qué preocuparse
por quienes tienen necesidad?

domingo, 4 de octubre de 2015

LA PESADA CARGA DE LA "BURROCRACIA"

Con el mismo asombro que el protagonista de la noticia, me entero del rechazo a la cesión de una vivienda para acoger a refugiados sirios " por carecer de ascensor".

Si el perplejo ,generoso y solidario ciudadano está todavía traumatizado, cuanto más no lo estará cualquier refugiado,sirio o no, que vea cómo él y su familia, "acostumbrados" por los avatares de la guerra a malvivir entre casas derruidas, enrollados en una manta agujereada, se ve en la calle bajo el frío manto de las estrellas.Y todo, "porque la casa no tiene ascensor".

Es sorprendente que los avances de la tecnología, el I+D+i, el progreso en suma, no hayan sido capaces de vencer la inercia de unas normas, válidas sin duda en circunstancias normales, pero que pierden toda virtud al enfrentarlas a una situación de necesidad.

Cuando los refugiados sirios acudan a un comedor social, me pregunto si les darán primero nociones de protocolo, no sea que utilicen el cuchillo equivocado para partir el filete.

Afortunadamente, una de las principales prioridades de actuación de nuestros gobiernos, según prometieron en las pasadas elecciones , eran las cuestiones sociales...

Seguramente, me dirán, que " cada maestrillo tiene su librillo". Sin embargo, me niego a considerar lo de "deja al maestro, por burro que sea.

La solidaridad no es cuestión de normas ni de ideas políticas. Es cuestión de necesidad y empatía.