domingo, 27 de septiembre de 2015

LEYES, PARA QUÉ ?

En más de una ocasión he escrito que nuestro querido (?) país,  España,  es pródigo en dictar leyes, pero indolente en su cumplimiento. Y esto sucede porque los ciudadanos hemos sido entrenados, concienzudamente, en que somos acredores de derechos, en tanto que el tema de las obligaciones, como contrapartida inexcusable para tales derechos, ha sido soslayado, bien por razones de la sinrazón politica ( afán recaudatorio, coartar libertades, etc.) o, simple y llanamente, por dejadez.

Así,  en las playas de nuestra ciudad,  se pueden ver perros sueltos o ciclistas en la zona peatonal, pese a que sendos carteles hacen patente la prohibición para tales usos y el potencial peligro, en el caso de los ciclistas,  por atropello de viandantes.

Uno, a veces, ha caido en la tentación no de corregir o llamar la atención a algunas personas,  sino de advertirles de la situación.  El resultado, generalmente,  ha sido un exabrupto, lo que evidencia, no solo la desafeccion hacia la ley, sino una dosis importante de incivismo y mala educación, lo que lleva, en el caso de los perros, a que la ciudad ofrezca un aspecto y aroma deplorables, en determinadas zonas.

He recibido, a veces, respuestas peregrinas, como:"los hombres también escupen". Hoy mismo, en el Parque Inundable La Marjal, en Playa de San Juan, un matrimonio joven paseaba con su perro. Me he dirigido a ellos indicándoles que está prohibida la entrada de perros y que hay carteles que lo indican. Respuestas :"solo hemos entrado a dar una vuelta"; "es raro que en un parque prohiban la entrada de perros"

Hay una normativa municipal al respecto, hay zonas acotadas para que los perros corran libremente y satisfagan sus necesidades fisiológicas,  que no excusan al propietario de su recogida, pero ni por ésas.

Obvio es decirlo, hay solo una parte de propietarios de perros que actúan mal.El caso es que lo hacen tan a menudo que no dan tiempo a que los servicios de limpieza, las escasas veces que intervienen, logren disipar los efectos de orines o excrementos.

El resultado final es que estos malos ciudadanos dan lugar no solo a que la ciudad esté más sucia, sino a que se produzca intolerancia contra los perros que ninguna culpa tienen de la falta de educación de quienes, pese a decir que los aman, poco se esfuerzan en demostrarlo.

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