lunes, 17 de junio de 2019
CRÓNICA DE LA DESIDIA: EL CASTILLO DE SANTA BÁRBARA(IV)
Lamentablemente, no es agua, precisamente lo que sobra, aunque el mar bañe nuestra costa. Las carencias de agua no ya potable, también la necesaria para el riego que mantenga las especies vegetales, es un problema endémico en la provincia de Alicante, que ningún gobierno se ha atrevido a afrontar con un mínimo de interés.
Pese a ello, en el Castillo de Santa Bárbara podemos encontrar ejemplos de cómo se malgasta o se deja perder el agua de riego, como muestran las fotografías siguientes, tomadas entre la segunda quincena de mayo y la primera de junio. En unos casos se trata de zonas sin vegetación en las que se mantiene el riego y en otros la pérdida de agua que , por roturas o mal control, discurren dejando su huella en los caminos.
Una masa forestal como la del Benacantil merece algo más de cuidado, teniendo en cuenta su ubicación en el centro de la ciudad y la carencia de zonas verdes de nuestra ciudad.
¿Prestará atención al Benacantil la nueva corporación municipal?
Esta información, como es habitual, se hace llegar al Ayuntamiento
sábado, 24 de octubre de 2015
HE LLORADO
Hoy me he sentido feliz, porque he llorado.
No he llorado por los inmigrantes que han muerto, ni por las víctimas de tantas y tantas guerras que no nos impiden llevarnos la cuchara a la boca, cuando el telediario nos escupe el retrato de toda la miseria y maldad que el ser humano es capaz de crear.
He llorado cuando he visto los esfuerzos de un hombre intentando devolver la vida a un niño, "pescado" de ésas aguas que nos alimentan y, a la vez, arrastran a sus abismos tantas vidas.
Y he llorado, también, de alegría, porque ha conseguido salvarle la vida. No somos, pues, tan malos.
Y éso, me reconforta, me hace sentir la esperanza de que es posible un mundo nuevo. Un mundo donde no esperemos a que el hambre, las armas, o la desidia , la ambición desmedida o el odio sean los motores que mueven al ser humano.
Un mundo en el que los únicos verdaderamente "animales" sean los irracionales y en el que todos tengamos interés solidario, honestidad, respeto, donde seamos exigentes con nuestros derechos porque hemos ejercido la responsabilidad.
Ese mundo en el que, por ser utópico, todos debemos soñar, mientras trabajamos porque se haga realidad.





