jueves, 31 de enero de 2013

DIARIO DE UNA AUSENCIA




TRECEAVO DIA(31 Enero 2013).- Como alguno de mis lectores ha planteado la cuestión, para aclarar dudas y, de momento, cada día de este diario se publica al siguiente. Digo de momento, porque como todavía no me pagan por escribir no tengo necesidad de inventar nada y me ciño a los hechos. No obstante, a partir de ahora, pondré la fecha a la que me refiero, aunque este relato diario finalizará el próximo día 4 en que la ausencia también lo hará, si Dios quiere.
         Bueno, pues hoy me he enfrentado, una vez más, con la lavadora y ¡oh, sorpresa!, cuando ya estaba mezclando el agua con el jabón me percato de que había dejado varias prendas fuera. Me consuela el dicho según el cual “los sabios son un poco despistados”. ¿Seré un sabio?
         Mientras espero la llegada de una persona, José se llama, que va a montar una mampara en el baño, actualizo el blog . Aparte de esto voy tomando notas en borrador, que luego me servirán para escribir el Diario.
         Evidentemente, como no podía ser de otro modo, los medios de comunicación son el germen de alguna que otra idea. Tengo claro, sin embargo, que lo que recibimos como noticias no pocas veces son opiniones, lo que se traduce, finalmente, en desinformación o algo peor. Ya veremos en qué queda esto.
         Llega José y va instalando y tomando medidas de lo que espero se convierta en una cómoda mampara. Hablamos mientras y me comenta (él es el dueño de la empresa) las dificultades por las que atraviesa para pagar la nómina a sus empleados, ya que buena parte de su actividad se concentraba en la construcción.
         Le dejo con lo suyo y vuelvo al blog, donde leo un comentario de el Bechler, un antiguo compañero de estudios de la Laboral de Gijón. Como es lógico, ya que ha tenido la paciencia de leerme, respondo a su comentario. Paso después al blog de la Laboral . En su portada hay una foto cuyo pie dice: “nuestra antigua casa expropiada”. Multitud de pensamientos cruzan mi mente y evoco los gratos momentos que allí pasé. Recuerdo, también, que hace seis años durante un viaje pude visitar la Laboral. Me emocioné. Pedí a mi esposa que me disculpara unos instantes y fui mirando, viendo, hasta que no pude evitarlo y mi rostro se vio surcado por lágrimas. ¿Quién dice que los hombres no lloran?¿Seré una excepción?.
         Se marcha José y me dispongo a ejercer de cocinero, en plan serio, pero nada de abrir latas o freír huevos. Alta cocina mediterránea. Voy a preparar nada más y nada menos que “bollitori” o sea, en castellano: hervido. Los ingredientes baratos y fáciles de encontrar: Patatas, cebollas, bacalao, judías verdes anchas, aceite, agua y (aquí interviene ya lo propio de un país desarrollado) una olla a presión a la que sólo le falta hablar, porque silbar sí sabe.
         Otro día pondré la receta y las fotos, por si alguien duda de mis habilidades. Dejo constancia de que, además, he preparado “all i oli” o lo que es lo mismo, en castellano ajoaceite.
         Haciendo gala de una osadía que ni yo mismo esperaba, he comido un buen plato y ¡estaba excelente! Bueno, quizá no tanto, pero para ser un aprendiz…
         Las deformaciones, quiero decir informaciones, de televisión me recuerdan la siguiente situación, correspondiente a un chiste(creo recordar), aunque no lo tengo muy claro:
Un señor va al cine. Se sienta, empieza a ver la película y le entra lo que llamamos “un apretón”; parece que le ha sentado mal la comida. Se levanta todo lo raudo que puede y va al aseo. No hay ni un sitio libre. Empieza a dar vueltas con las piernas apretadas y sujetándose la barriga, mirando aquí y allá. Nada, nadie deja libre un puesto. Se aleja, mira. En un oscuro rincón ve algo en el suelo que parece un agujero. Respira aliviado, se baja los pantalones y alivia, también, su ocupada tripa.
Todo satisfecho, tranquilo y relajado, vuelve al patio de butacas y se encuentra con las luces encendidas y muchas personas con la ropa manchada y limpiándose. Un olor un poco como de cloaca llena el ambiente. Pregunta al acomodador y este responde: “alguien se ha cagado en el tubo de un ventilador”
Igual que ahora. Ya no somos simples espectadores viendo la función. La mierda nos ha alcanzado, porque siempre hay alguien que, en lugar de intentar limpiarla, se dedica a esparcirla. Bueno, ya somos parte del drama, ahora no podemos ignorarlo y tendremos que actuar. El guión lo puede preparar cada uno.
Termino la comida y durante unos minutos medito (esto viene porque alguien dijo que los jefes no duermen, meditan. (Ahora soy mi jefe). Después cojo los papeles de inglés y me dedico durante un buen rato a intentar sacarle punta.
Al hilo de esto, hablando ayer con mi amigo en Calpe, salió a relucir la divergencia entre la edad física y la edad mental. Cómo ahora se ven tantas cosas con una claridad meridiana y, sin embargo, ya no tiene uno la capacidad física necesaria para acometer según qué cosas.
Antes de cenar salgo a dar una vuelta, llevo el plástico al contenedor de reciclaje y hablo con P, que me da una bolsa con varias cremas para mi viajera esposa, hablamos con relación a temas del barrio y me pide escriba una carta para la alcaldesa.
Cuando llego a casa hago un borrador y se lo envío, con alguna anotación, porque no tengo los datos precisos y puede que algo de lo que incluyo no se corresponda con exactitud con los hechos.
Hoy toca para cenar alcachofa al horno (también comprada por mí y guisada por el horno según mis instrucciones) y manzana. Un poco de agua y a ver un documental. Después repaso el correo y dejo preparado esto para incluirlo en el blog.
Mañana estoy invitado a comer, saldré de casa alrededor de las diez a.m. y ya no volveré hasta las cinco o las 6 p.m.
Pues vale ya, otro día continuaré. Quedan tan sólo unos días para que mi viajera vuelva.
Hasta entonces, cada día seguiré escribiendo.
Que descanses, amor mío.

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