Cualquiera de mis amigos sabe que soy aficionado a las
películas de ciencia ficción, aunque sin llevarla a extremos. Nunca se me ha
ocurrido disfrazarme de guerrero de la galaxia ni montar una maqueta de nave
estelar sobre la mesa del comedor y hacer las comidas en el dormitorio, por
falta de sitio.
Debo reconocer que, desde hace algún tiempo y, sobre todo,
después de ver algunas de las películas de la saga X-MEN, empiezo a tener
algunas dudas, creo que razonables, acerca de si existe una conexión entre
realidad y ficción, más allá de lo virtual.
Las sesiones de nuestro congreso muestran a veces un
escenario que me parece insólito. Un orador exponiendo sus preguntas o
explicando un tema y, a su vista, la desolación de un hemiciclo casi vacío.
Suponer que sus señorías no han asistido porque no les ha apetecido, me parece
una temeridad. Entonces, me pregunto: ¿será que nuestros congresistas son
capaces de hacerse invisibles a voluntad?
En otras ocasiones, estando el hemiciclo también vacío, se
aproxima el momento de llevar a votación un asunto. Como por arte de magia, se
abren las puertas y sus señorías, casi con precipitación, ocupan los respectivos
asientos como si se estuvieran atrincherando. Debo reconocer, sinceramente, que
eso me confunde porque, si no han estado presentes en la exposición, ¿cómo es
posible que sepan lo que deben votar?.¿Dónde estaba ocultos?¿Cómo han
conseguido salvar en tan corto espacio de tiempo la distancia entre el bar del
congreso y el hemiciclo?. En fin, muchas preguntas, para las que confieso estar
ansioso de conocer respuesta.
Por si fuera poco, ayer recibí un video con imágenes
retrospectivas y actuales y comprobé que ya Miguel Ángel ilustró con el rostro
del Pequeño Nicolás escenas de la Capilla Sixtina, que también estuvo en la Guerra
Civil Española como soldado republicano, acompañó a Franco y, recientemente, no
ha habido encuentro, mesa redonda o acto oficial, en el que no haya posado
junto a los más importantes gobernantes de nuestro país. ¿Será inmortal? ¿Poseerá
el don de la ubicuidad?
Ya sé que todos intentan, ahora, minimizar su importancia,
pero ¿cómo saber que lo que pretenden no es ocultar un hecho de trascendental
importancia?
¿Cómo
saber si esta presencia, casi subliminal, del Pequeño Nicolás no es una
artimaña para que, viéndolo hasta en la sopa, lo aceptemos como líder
imprescindible, más allá de toda duda razonable?
En
fin, que después de tantos años de estudio, de reflexión, de tener la mente
abierta para estar en disposición de comprenderlo todo, me encuentro con que
mis neuronas tienen un atasco difícil de resolver.
Creo
que voy a buscar videos de La Casa de la Pradera, a ver si me desintoxico.