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lunes, 11 de febrero de 2019

LOA JARDINES DESCUIDADOS DEL BARRIO DEL PLA DE ALICANTE(VIII)

     Hoy me refiero la plaza situada en la confluencia de las calles José Luis Almiñana Olmos, Fiscal Miguel Gutiérrez Carbonell y Enrique Monsonis Domingo que, sin duda es, en mi opinión, la que se encuentra en peor estado de conservación y mantenimiento.

    
El pavimento está hundido alrededor de la fuente central, cuyo parterre está poblado de hierbas silvestres y claros.

  

   Hay también un hundimiento importante junto a uno de los parterres laterales que, de ordinario, está lleno de agua ya sea procedente de fugas en la red o de algún baldeo.


     Todos los parterres siguen la misma tónica: en ellos solo quedan los arbustos de grueso tronco y arbolado, lo que no es obstáculo para que haya zonas que se siguen regando, aunque no haya vegetación.







    
Los perros campan a sus anchas por toda la plaza utilizando, generalmente, los parterres para dejar sus heces y escarbar en ellos haciendo agujeros









Esta información es conocida por la Concejalía de Jardines

martes, 22 de enero de 2019

LOS JARDINES DESCUIDADOS DEL BARRIO DEL PLA DE ALICANTE(III b)

     Continuando con la información acerca de los jardines situados en la Calle Gonzalo Mengual, junto al Centro de Formación de Personas Adultas Giner de los Ríos, me ocupo en esta entrada de

PARTE II: LIMPIEZA

    El estado general es de suciedad. en las escasas ocasiones en que se ha limpiado un poco a fondo ha sido gracias a la insistencia de la Asociación de Vecinos del Pla.

     Es habitual que en la parte alta se reúnan grupos de personas a consumir bebidas y a comer, tirando luego bolsas y latas entre la vegetación.

    En la meseta superior, la zona de jardín es utilizada por propietarios de perros para que estos defequen.

     La ausencia de buena parte de vegetación en una de las zonas ha propiciado su uso como dormitorio ocasional.

  




     Como en anteriores ocasiones, el Concejal de Jardines y Limpieza  está informado de esta situación

viernes, 13 de abril de 2018

CIVILIZACIÓN




            Según se dice, una sociedad muestra su grado de civilización por el cuidado que presta a los animales. Seguramente así debe ser ahora, cuando se aplican a los que utilizamos en nuestra alimentación métodos de sacrificio presuntamente menos dolorosos que los de antaño, aunque temo que nadie ha consultado a estos seres para pedirles su opinión.
            En el edificio donde vivo, un nuevo inquilino ha decidido compartir su vida con un perro, no con los vecinos. Si su amor hacia el animal no parece tener mucha compatibilidad con sus esfuerzos por mantenerlo en condiciones de higiene, ésto, lógicamente, ha tenido sus consecuencias en forma de malos olores, suciedad, problemas de índole sanitaria, etc. que han afectado a la tranquila convivencia de otras épocas.
            Los vecinos, hartos de que las peticiones educadamente llevadas a cabo carecieran de la correspondiente respuesta del individuo en cuestión, procedimos a denunciar la situación en Sanidad y Maltrato Animal.
            Sorprendentemente, quienes se ocupan de la protección animal han acudido tres veces en el espacio de un mes a comprobar la situación del mismo, en tanto que nadie ha venido a preocuparse por los problemas que sufren los vecinos ante la falta de cuidado e higiene del perro.
            Uno no entiende, pese a su amor hacia los animales, que tenga preferencia la situación del animal (recordemos que es irracional) con referencia a las personas (recordemos que también son animales, aunque racionales) y llega a cuestionarse si eso de la “civilización” implica estos comportamientos.
            Resulta decepcionante para los ciudadanos que cumplen con sus obligaciones como tales, comprobar como son considerados como “de segunda” con relación, en este caso, con el perro aludido.
            Uno entiende, tras esta situación, el escaso interés de nuestras autoridades municipales en sancionar a quienes ya en la vía pública, ya en jardines o en las esquinas de los edificios, miran amorosamente a sus perros, mientras depositan sus excreciones en cualquier parte.
            Así tenemos una ciudad digna de quienes la gobiernan, pero no la merecida por tantos y tantos ciudadanos que no se ven atendidos por las malas prácticas de determinados propietarios de perros cuya idea de “cuidarlos” no trasciende más allá de proporcionarles la comida.
           
           

viernes, 14 de abril de 2017

¡ES TAN BONITA MI CIUDAD!



¡Es tan bonita mi ciudad!
Sus calles, llenas de verde,
en las que mi mirada se pierde…
a la que añoro en mi soledad.

Si cierto es que la esperanza
de verde viene vestida,
cuán grande será la mía
si, hasta donde la vista alcanza
el verde su mensaje lanza
de frescura y lozanía.

¡Es tan bello su contraste!
¡Tan bello!… si se compara
con los orines y “cacas”
que sobre las aceras destacan
mientras la oscuridad ampara
a los que en ella se cubren.

Yo, que quisiera otear en la lejanía,
debo fijar mi mirada en el suelo
para evitar, si es que puedo,
adoptar una “caca” como mía.
Porque ¡es tanto su esparcimiento!
Está tan plagada de ellas la calle
que no es raro que mi vista falle
y me encuentre, en un momento
con la mirada perdida,
el gesto brusco y violento
mientras, como puedo, intento
recuperar mi autonomía.

¡Si no fuera por el verde…!
¡Ay! No sé lo que de mí sería…
Entre tanto aparcamiento,
sin lugar de esparcimiento,
sin ninguna mejoría
que la limpieza me recuerde.

Más ya se sabe. Son de la ciudad los amos
ésos ciudadanos marranos
que, guardan en sus bolsillos las manos,
mientras sus perros van derramando
desechos y las calles ensuciando.
¡Y nadie hay, que les acabe multando!

¡Es tan bonita mi ciudad!
Sus calles, llenas de verde,
en las que mi mirada se pierde,
a la que añoro en mi soledad…



 
Seto de malvas en C/Padre Esplá,57

En una calle cualquiera, en un día cualquiera...