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jueves, 31 de enero de 2019

LOS JARDINES DESCUIDADOS DEL BARRIO DE EL PLA DE ALICANTE(VI)

Como en "El cuento de nunca acabar", o en "El Día de la Marmota" la historia de los jardines del Barrio de El Pla, es una narración que no tiene fin , compuesta por despropósitos, negligencias y abandono. Todo ello, de la mano de nuestra Concejalía de Jardines.

Una nueva muestra nos trae hoy a la Glorieta Periodista Clara Forner, conocida entre los vecinos como plaza de la Fuente del Dragón, situada en la confluencia de Avda. Periodista Rodolfo Salazar y  Avda. de Padre Esplá.

En ella hay varias zonas ajardinadas repartidas entre las esquinas de las calles que confluyen.

Los parterres muestran árboles de gran porte, rodeados de  falta casi absoluta de vegetación y sucesivas capas de hojarasca.




El riego es anecdótico. Tan solo se ha podido localizar un aspersor semi enterrado . La tierra está apelmazada y agrietada


La población de palomas crece contínuamente gracias a las "almas generosas" que depositan pienso y pedazos de pan, sin tener en cuenta la incidencia que pueda tener para la salud el hecho de que estén sin cuidar. 


















Pedruco en mitad de un parterre







Tierra apelmazada y agrietada










Alrededor del bordillo de la rotonda central, la hierba silvestre ha encontrado un refugio.
Vegetación silvestre junto bordillo

Como es habitual, esta información es conocida por la Concejalía de Jardines

jueves, 1 de marzo de 2018

LA OLLA AL FUEGO



     Por razones de tipo social, estudios o por otras, tengo varias cuentas de correo, wasap y un perfil en Facebook, lo cual es coherente con esta sociedad que se dice que es la “sociedad de la comunicación y la información”.

     Sin embargo, cada día albergo más y más dudas que, a la vez, se hacen mayores. Sin ir más lejos, hoy he sumado no menos de 140 entradas a través de dichos medios.

     Si presto la atención que, sin duda, esperan quienes las envían, resulta que debo elegir qué otra actividad abandono: disfrutar con mi familia, dar un paseo, visitar a los amigos.

     Porque, de otro modo, me es imposible asimilar toda la información que recibo, parte de la cual no servirá para nada, pero no puedo rechazar a priori, sin darle un vistazo, al menos. Además, hay cuestiones que se transmiten, simplemente porque, quien lo hace ,opina que son útiles o importantes, aunque ni se ha verificado dicha utilidad, ni si la fuente es fiable, ni si es un tema de actualidad.

     Así que estoy pensando, seriamente, volver a lo antiguo. Esto es, ir a ver a mis amigos o llamarles por teléfono. Así, tendré la posibilidad de saber a ciencia cierta su situación y, si procede, cuando me dé la impresión de que han empezado a contarme batallitas, despedirme diciendo que tengo la olla en el fuego o algo parecido.

jueves, 31 de julio de 2014

EL PANTEÓN DE QUIJANO

Pese a que el ladrillo y el caos circulatorio han causado profundas heridas en el cuerpo de la ciudad, a poco que uno se aplique todavía podrá descubrir (o redescubrir) algún rincón evocador donde evadirse, siquiera un segundo,de ése tráfago incesante que convierte las calles en una especie de sistema circulatorio en el que nada debe detenerse.

Islas en medio de la ciudad;conservadas sin apenas cambios ,quizá porque su situación o dimensión no propiciaban actuaciones urbanísticas "rentables", hoy son esos espacios que permiten, quizá,  retrotraerse a los años de la infancia, cuando el número de vehículos circulando era tan exiguo que se podía jugar a la pelota o a paleta y escampilla en mitad de la calle, sin correr el riesgo de ser absorbido por el tráfico.

El Panteón de Quijano es, para mí,  uno de esos escasos lugares. Recuerdo como si fuera este momento aquéllos días en los que paseaba por  sus caminos de la mano de mi madre, o me dedicaba a corretear y esconderme tras los gruesos olmos, en una especie de juego al escondite conmigo mismo.

Hay, todavía,  en la parte trasera un par de fuentes. La una está a ras del suelo y hay en sus extremos dos ranas que, entonces, lanzaban chorros de agua por sus bocas. Al caer sobre la lámina de agua salpicaban en derredor y las ondas que se producían rompían una y otra vez contra las paredes. A menudo echaba alguna hoja de aquéllos olmos, a manera de improvisado barco que debía superar las olas de la tempestad imaginaria en la que yo convertía aquél trasiego de agua.

La otra fuente, cuyo vaso era más profundo,  me obligaba a empinarme sobre la punta de los pies para palmotear en el agua.  A veces algunos pececillos mordisqueaban el musgo que se depositaba en las paredes y yo metía la mano intentando, inútilmente , pescarlos. Era tan agradable escuchar el rumor de los chorros   al caer sobre el agua contenida en el vaso! y también,  contemplar como parte del chorro se sumergía arrastrando una cadena de burbujas de aire.

Paso con frecuencia junto a las fuentes. No hay chorros de agua y las ranas, como vecinos enfadados, permanecen mudas, mirándose frente a frente. Cerca, algunos indigentes han formado su provisional hogar sobre alguno de los bancos, a la sombra de los olmos y, en la calle, apenas hay un minuto de silencio que permita escuchar el trinar de los pájaros o el rumor de las hojas jugueteando con la brisa.
 
Pero, todavía, me parece un lugar entrañable.