jueves, 22 de noviembre de 2018

CUESTIÓN DE PRIORIDADES


Mientras nuestro insignes políticos se dedican a hacerse la puñeta unos a otros o a hacer como que cumplen con “su” programa (que no “nuestro programa”), los ciudadanos nos encontramos vendidos y abandonados en un piélago de miserias que lo único que producen es náuseas y desapego.

Los ciudadanos no queremos ser testigos de espectáculos televisivos en los que unos a otros se insultan y arrojan mierda. Queremos soluciones.

De nada nos sirven los alardes de elocuencia, si las palabras no se corresponden con los hechos, si las palabras tienen el mismo valor que esa hoja desprendida por el viento en otoño que, finalmente, nadie sabe a dónde ha ido a parar.

En nuestra “gloriosa” Comunidad Valenciana, las noticias sobre el brutal aumento de listas de espera en sanidad que, en alguna especialidad, llega a situarse en un año, pone en evidencia que no se está trabajando en el buen sentido.

No es de recibo que las demoras en la atención sanitaria sean las causantes de agravamiento de enfermedades e incluso muertes. Y no solo eso, habría que preguntarse cuánto dinero supone el coste en medicación para mantener a un paciente en unas condiciones mínimas que garanticen que su dolencia no avanza.

Es preciso avanzar en medicina preventiva y no dar lugar a que esta tenga que ser, por falta de atención, curativa en el mejor de los casos.

Si quienes gobiernan la Generalitat Valenciana albergan el más mínimo interés en seguir de seguir haciéndolo, no lo están demostrando al permitir que se juegue con la salud de los ciudadanos.

Los titulares son bien elocuentes. 


Y, por si se han distraído, las próximas elecciones están a la vuelta de la esquina. Más vale que se anden con ojo. Luego no echen la culpa a quienes no gobiernan.



lunes, 19 de noviembre de 2018

ALCORQUES Y OTRAS COSAS




         Reconozco que hay palabras que me resultan evocadoras. Una de ellas es “alcorque”. Ya sé que hay quien confunde “alcorque” con “alcornoque” pero, aunque ambas empiezan y acaban igual, hay entre ellas una notable diferencia.
         Mientras el “alcorque” sirve de cobijo a un árbol y le acompaña en su crecimiento, el “alcornoque” lo más probable es que acabe en la barbacoa, asando chuletas o chorizos.
         Esto último no es tan raro porque, al fin y al cabo, entre los que gobiernan siempre se cuela algún “alcornoque” y, lamentablemente, no pocos “chorizos”, aunque nuestro grado de civilización no incluya entre las diversiones utilizar, en estos casos, la hoguera.
         Pero, siguiendo con los “alcorques”, ya he escrito en alguna ocasión la pertinaz sequía mental de quienes desde el Ayuntamiento de Alicante gestionan jardines, parques y arbolado público.
 Como si de algo indigesto, que hay que erradicar, se tratara, basta que un árbol se seque para que sea talado y, sin más explicaciones, se abandone al correspondiente “alcorque” al vacío más absoluto. Tan absoluto que no es infrecuente que se deje un buen vacío, tal vez con la intención de comprobar si los ciudadanos estamos atentos a donde pisamos.
Y hablando de lo que pisamos, ¿qué decir de los “regalos” con que nos obsequian cierto número de propietarios de mascotas? Porque no son las mascotas las responsables de que calles y aceras presenten aspecto y aroma poco agradables. Son sus propietarios ,voluntarios o involuntarios, que utilizan la mascota como florero y no como un ser vivo al que hay que cuidar y educar para la convivencia.
Me he preguntado con frecuencia si no sería necesario exigir un certificado de idoneidad que acredite la capacidad, no tanto física como intelectual, de quienes ostentan la propiedad de una mascota.
Pero lo que resulta lamentable, vergonzoso e indicativo de hasta qué bajo punto ha llegado el nivel de educación cívica, es la comercialización de “juegos” en los que la mierda (sin paliativos) sea el elemento central de la diversión (¿?)

Aunque, volviendo al poco interés de nuestros ediles, nada me extrañaría que, en las próximas festividades, el Ayuntamiento de Alicante obsequiara a los niños con estos “fantásticos y educativos” juguetes, para que se vayan haciendo a la idea del futuro de ciudad que les espera.


miércoles, 24 de octubre de 2018

CRISÁLIDAS


La Naturaleza es maravillosa y asombrosa, a la vez. Capaz de ofrecernos belleza y fealdad, pero sin añadirles opinión, que es lo que algunos humanos pretenden vendernos como información.

La Naturaleza nos ofrece visiones tan singulares como las de ese gusano que pasa su vida caminando hasta que, un día, se encierra en su crisálida para renacer después como inigualable mariposa, y deleitarnos con su belleza y grácil vuelo en busca, quizá, de un mundo más civilizado.

En la ciudad tenemos casos similares, aunque los finales suelen ser menos airosos.  Hay personas que desarrollan una vida que podríamos llamar “normal" hasta que, un día, se encierran en su particular crisálida de cartones y plásticos de desecho. Suelen pernoctar en portales o junto a escaparates de locales abandonados, tal como están y se sienten ellos.

Pasamos a su lado y fingimos que no los vemos. Quizá prestamos atención, pero sólo un instante, sí coincide que, a nuestro paso, se remueven para adaptar su cuerpo a la dureza de su colchón de mármol. Cualquiera, a la vista del cartel, podría preguntarse qué es lo que se alquila, porque quizá llegue el momento en que no haya disponibilidad de escalones sobre los que tenderse, si seguimos así.

"Residencia" nocturna de dos indigentes en C/Padre Esplá,34  Alicante
Por la mañana, suelen abandonar su particular crisálida y deambulan por la ciudad, pidiendo ayuda en esta o aquella esquina; matan su hambre cuando alguien solidario se da cuenta de que existen; suelen intentar olvidar su abandono con alguna bebida barata.

Los políticos, en su grandilocuencia, hablan de las grandes obras que quieren emprender. De estas personas no hablan, porque son un simple voto que, seguramente, ni siquiera se introducirá en la urna que es, al fin y al cabo, donde acaba enterrada la democracia.

Nosotros, los ciudadanos, podríamos exigir a los políticos que hicieran buenas obras, además de esas grandes, caras y a menudo inútiles obras a las que son tan aficionados, pero cuando llega el momento de exigirles decimos cosas como:” no me van a hacer caso"; “no es mi problema"; “ya lo arreglarán ellos"…

Olvidamos que yo, tú, aquél, nosotros… TODOS somos responsables.