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miércoles, 27 de enero de 2016

DICEN QUE LA DISTANCIA...

Créanme que yo entiendo a los políticos de Podemos cuando protestan porque les han relegado a sillones de "segunda clase" y no es que haya coincidencia entre todos sus planteamientos y los míos,  acerca de lo que hay que hacer y cómo,  para gobernar España.

En una preciosa canción se expone que " la distancia es el olvido" y uno, que para llegar a donde está ha tenido que sufrir el alejamiento, se da cuenta de que hay que estar lo más cerca posible de quien toma las decisiones porque, entre otras cosas, quien  está lejos no aparece claramente en la foto y hoy, donde los medios de comunicación evidencian el puesto que ocupa cada uno, no hay que despreciar la oportunidad de estar en primera fila. Aunque no hay que olvidar la contrapartida; si el orador está "largando un rollo" siempre es más fácil escaquearse haciendo crucigramas, leyendo los "tuits" o dando una siestecilla, amparado en las gafas de sol.

Más a más, como dirían mis amigos catalanes, el problema se agrava si, como a mí me sucede, uno está un poco "teniente" y necesita aguzar el oído si pretende enterarse de lo que se habla en el estrado. Aunque, a veces, para lo que hay que oir...

Yo no sé si, por otra parte, los de Podemos saben bailar, pero me da el pálpito de que no. Hago una comparación conmigo (que no sé bailar) y que me las veo y deseo cuando algún amigo propone el baile de las sillas, porque la mayoría de las veces quedo fuera de juego. Así es, que no resulta tan grave sentarse en un sitio distinto al que uno pretendía.  Sería mucho peor quedarse como yo, sin seguir jugando.

Como ya he dicho en otras ocasiones, hay cosas mucho más importantes de los que preocuparse y si Podemos y sus políticos quieren, de verdad, servir a los ciudadanos, deben ponerse las pilas porque hay más de 4 millones de parados, muchos trabajos basura, mucho sinvergüenza pululando y tanto fraude dando vueltas, que si se recuperara el dinero se acabarían nuestros problemas.

Que esos sí son problemas.

martes, 29 de septiembre de 2015

VAMOS A CONTAR MENTIRAS...





         Lamentablemente, desde hace tiempo, venimos inmersos en un cúmulo de medias verdades, insinuaciones, mentiras, (des)informaciones, etc. vertidas tanto por los dirigentes de partidos políticos como por los medios de comunicación afines a uno u otro, que resulta difícil, cuando no imposible, decidirse por una u otra cuestión, salvo que se haga de un modo visceral u obedeciendo ciegamente la consigna del líder de turno.
         La falta de transparencia que se obtiene en esta situación resulta contraproducente para todos. A la larga, incluso para quienes la promueven o practican, porque deriva en desconfianza absoluta hacia todo y hacia todos.
         Hemos soportado y seguimos en ello, rifirrafes sobre crisis inexistente que nos estaba ahogando, ERE que nadie ha autorizado, Gurtel, etc. utilizados según fuera conveniente y/o en función de la proximidad de elecciones.
         Ahora estamos inmersos en la crisis de Cataluña, creada y animada para mayor gloria de algunos políticos, tanto de dentro como de fuera de dicha Comunidad. Jugada como una partida de cartas en la que se lanza un farol que unos no saben retirar a tiempo y que otros no tienen claro si es o no farol y están a la espera de lo que salga. Los ciudadanos, que estamos pendientes de ver como acaba la partida, al final seremos los que tendremos que pagar las apuestas, sin beneficio alguno. Los jugadores se retirarán de la mesa, sea cual sea el resultado, pero siempre triunfadores.
         ¿Es posible que los políticos catalanes sean capaces de arrastrar a sus ciudadanos a una aventura de consecuencias desconocidas? ¿Son rigurosas sus reclamaciones al Gobierno del Estado? ¿Han dicho toda la verdad a quienes les siguen en la carrera del independentismo? ¿Se gobernará, una vez más, “para todos” pero se dejará en la estacada a los que no comulgan con la separación? ¿Desde el Gobierno del Estado se ha actuado con la diligencia necesaria para evitar llegar a la confrontación? ¿Tienen razón en sus argumentos los políticos? ¿Se abandonará a los catalanes? ¿Serán europeos dejando de ser españoles? ¿Los bancos y los empresarios dejarán de “hacer negocio” en Cataluña?
         Uno no puede dejar de hacerse preguntas, consciente-si reflexiona un poco- de que las respuestas serán, como siempre, insinuaciones, medias verdades, mentiras, (des)informaciones…
         Seguiremos en manos de los políticos que han asumido que el hecho de votarles les concede un poder omnímodo, cuando lo que pretendíamos era, ni más ni menos, que utilizaran el sentido común y administraran adecuadamente el fruto de nuestro trabajo.
         Las consecuencias de su ineptitud las pagaremos todos. Los unos por aplaudir, los otros por callar, éstos por “pasar” de todo, aquéllos por …
         Realmente, en estas ocasiones uno envidia a Robinson Crusoe.