miércoles, 6 de junio de 2012

RIMAS PENOSAS


¿Y los impuestos que pagué,
En qué los han derrochado?
Ese dinero que gané,
tras duro trabajo(y honrado),
he visto que, al fin, fue
en ajenos bolsillos guardado;
en putas gastado, tal vez,
a “oeneges” derivado,
o alguna estación sin tren,
pero, siempre, mal gastado.

            Ahora que ya lo sé,
harto de mentiras y engaños,
lo menos que puedo hacer
es decirles que me han robado;
que han abusado de mi buena fe
como malditos bastardos.
Que , hasta el agua, les negaré
si algún día les veo, llorando,
entre rejas y sin “parné”,
porque así lo habrán buscado.

            Más, temo que así no los veré.
Porque otros, de su bando
o del bando opuesto , también,
que, también, se están forrando
se ocuparán de tener
algún privilegio pensado
o algún otro “paripé”
que acredite como honrados
a tantos y tantos ladrones,
que tanto mal han causado.

miércoles, 23 de mayo de 2012

LIBERTAD, RESPONSABILIDAD




            Uno  de los atributos más importantes que están al alcance del ser humano es LA LIBERTAD, que le da la facultad de hacer o elegir una cosa u otra o, simplemente, no hacer nada.

            Esto, que en principio podría parecer muy sencillo, entraña una enorme dificultad, que viene representada por LA RESPONSABILIDAD, puesto que si yo puedo-dentro de mi libertad- hacer u omitir algo, o hacerlo de una manera determinada, debo tener en cuenta que “el otro”, cualquier persona, también puede hacerlo y, por consiguiente, existe la posibilidad de conflicto y enfrentamiento si los intereses de ambos son opuestos.

            Así pues, el ejercicio de LIBERTAD implica una elevada carga de RESPONSABILIDAD. Tan es así, que se ha hecho necesario establecer leyes que indican cual es el camino a seguir y las consecuencias de un uso inadecuado de LA LIBERTAD.

            ¿Cómo podré estar seguro de cuáles son los límites de mi LIBERTAD?

            Está claro que cuanto mayor sea mi CONOCIMIENTO más y mejores posibilidades tendré de no interferir en los intereses de los demás y, por tanto, de respetar su propia LIBERTAD, no olvidando-por supuesto- que, como está dicho:”la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento”. El problema no está sólo en que para adquirir CONOCIMIENTO es necesario esfuerzo y trabajo. Nadie nace con el almacén del cerebro lleno de toda la información que necesitará para el desarrollo de su actividad a lo largo de la vida, pero una cuestión que no hay que olvidar es el ambiente social, que tienta al uso de  otros medios distintos del CONOCIMIENTO ( al menos en lo que este como enriquecimiento espiritual del ser humano lleva consigo) para conseguir fines que son espurios y que no ofrecen otros resultados que la insolidaridad, la competencia desleal y otros comportamientos antisociales.

            Por la cantidad enorme de posibilidades que hay a nuestro alcance, se dice que estamos en “la era del conocimiento” pero, me pregunto:¿lo que se nos ofrece es información, para que la procesemos y extraigamos de ella enseñanzas, o es opinión?. Creo que ahí es donde reside actualmente el problema; se nos bombardea continuamente con programas, revistas, diarios… difícilmente encontraremos en ellos una exposición escueta de los hechos, una fotografía desapasionada que-simplemente-nos enseñe lo que ha ocurrido. En virtud de la corriente en la que quien lo expone se encuentre inmerso, lo expresará de manera más o menos tendenciosa y, si no nos hemos preocupado de almacenar CONOCIMIENTOS caeremos en las redes de quienes quieren que opinemos como ellos, cerrando así nuestras posibilidades de actuar con LIBERTAD, aunque con la dramática contrapartida de que sí será nuestra la RESPONSABILIDAD de dicha actuación.

            Se nos ofrece, a veces, una parte de la información ocultando otras sin las cuales los resultados pueden llegar a ser totalmente opuestos. Una faceta , por ejemplo, de las relaciones humanas es la “relación sexual”; depende de la importancia que le demos dentro del contexto de la relación para que siga teniendo la consideración de “humana” o pase a ser , simple y llanamente, una adicción más. Una costumbre o adicción tal como las drogas, el tabaco o la bebida, satisfactorias en el instante del consumo, pero con una carga de problemas anexa que pueden convertir en un infierno lo que podría haber sido motivo de satisfacción.

            Podremos oponer a esto nuestra excusa: ¡no tengo información suficiente! Preguntémonos antes si hemos hecho lo correcto para llegar a tenerla, o hemos preferido dejarlo para más tarde, porque lo más urgente ahora es “ganar pasta”, tener un buen coche y suficientes euros para “corrernos” una buena juerga el fin de semana. Preguntémonos si, como padres, hemos educado a nuestros hijos en la RESPONSABILIDAD en lugar de mantenerlos entre algodones para que no sufran y dándoles cuanto nos solicitan, obviando que cuando no estemos carecerán de la preparación suficiente para enfrentarse a los problemas. Preguntémonos, como profesores, si el abandono de la disciplina en el aula , el ser “amiguetes” de los alumnos va a evitar conflictos, les va a aportar alguna ventaja en el futuro. Preguntémonos, como sociedad, si es posible tener un futuro cuando temas tan importantes como: educación, trabajo, sanidad, seguridad,  se utilizan por los políticos como armas arrojadizas, en tanto que la acción social se deja en manos de la solidaridad de personas u ONGs.
            Tenemos el futuro en nuestras manos y tenemos posibilidad de cambiarlo. Es más, tenemos LA RESPONSABILIDAD de hacerlo. Desde las oportunidades que se nos ofrecen para aprender cosas nuevas o recordar antiguas, sin importar la edad o los inconvenientes que supone el tener que trabajar para mantener a la familia o el trabajo del hogar; en la escuela, en casa o en la calle podemos estar con la mente abierta para adquirir CONOCIMIENTOS . También  podemos dejarnos llevar por la molicie esperando que sea otro el que resuelva el problema porque, para nosotros con sobrevivir es suficiente. Así tendremos a quien echarle la culpa de que las cosas no funcionan y, a lo mejor, hasta conseguimos dormir tranquilos...






martes, 8 de mayo de 2012


CRISIS

            Desde hace muchos años, cuando oíamos hablar de crisis casi siempre estaba relacionada con problemas de una determinada persona a causa del estrés, de algún problema grave, etc.

            Hoy la afección es global, según dicen. El modo en que se está afrontando esta situación es variado y está mostrando dos vertientes: la una admite que existe la crisis y que le está afectando; la otra ha asumido la existencia de crisis y , aunque no le afecta personalmente, actúa como si así ocurriera.

            ¿Se hace lo suficiente a nivel global para superarla? No estoy muy seguro de ello. Tal vez resulte conveniente pedir opiniones y confrontarlas por ver si de ellas se extrae algo positivo.

            En estos días he asumido la función de recolector de ideas en este sentido. Entre las personas que han querido expresarlas hay amas de casa, empresarios, parados, funcionarios y  jubilados. Han sido tantas y tan variadas las propuestas que casi podrían adoptarse como objetivos por cualquier partido si no fuera porque algunas supondrían perder votos y eso-hoy por hoy- es materia tabú.

            Estas son las propuestas: Incrementar plantillas de personal  en hospitales y juzgados.
            Reducción del impuesto que grava los combustibles.
            Aumento de los impuestos en bebidas alcohólicas y tabaco.
            Establecer precio mínimo garantizado para alimentos de primera necesidad.
            Construir geriátricos públicos y dotarlos del personal necesario.
            Suspensión de faustos y ágapes oficiales en inauguraciones.
            Que los políticos utilicen en sus desplazamientos transportes públicos.
            Que dietas y gastos de los políticos se asimilen a las de los funcionarios públicos.
            Que la prestación de desempleo se reconvierta en seguro de trabajo remunerado; que las empresas en crisis puedan optar en lugar de despedir a los trabajadores por pagarles la diferencia entre su salario y la prestación a cargo del INEM.
            Construcción de grandes infraestructuras: ferrocarril, carreteras, canales…
            Que los representantes sindicales dejen de estar liberados o su salario no sea a cargo de las empresas.
            Anulación de oficinas de representación que no sean de carácter nacional.
            Reducción drástica del número de asesores de los políticos.
            Bases de datos únicas para todo el sistema sanitario español.
            Limpieza de bosques para prevenir incendios.
            Controladores de animales domésticos.
            Que las ayudas a las Pymes se otorguen directamente por el ICO
            Reducir los trámites para las subastas de propiedades implicadas en narcotráfico.
            Aplicar medidas drásticas para penar la contaminación.
            Incrementar las acciones de formación y reciclaje de parados.

            A nivel personal podremos optar por dejar el coche aparcado y andar mas, reciclar mas para reducir gastos y contaminación, reducir el nivel de calefacción , comparar los precios en diversos sitios para elegir el de mejor relación calidad/precio… y tantas cuantas cosas se nos ocurran.

            Yo, de momento, aporto mi granito de arena en forma de estas propuestas que-por ser de diversas fuentes – proporcionan distintos puntos de vista y, tal vez, solución a alguno de los problemas generadores de la crisis.

Francisco L.Navarro Albert
(Este artículo fué publicado en Marzo de 2009 en el Boletín de la Asociación Jubicam )

           
           
           

viernes, 20 de abril de 2012

FATALISMO







         La Real Academia de la Lengua Española ofrece una definición de “fatalismo” que me parece interesante y que, seguramente, dará pie para cuanto viene después. Según  la RAE, fatalismo es (sic): “Actitud o tendencia a aceptar los acontecimientos que afectan a uno como inevitables, SIN INTENTAR MODIFICARLOS”.

         La crisis monetaria es tan, solo, la parte visible de un enorme problema, al que hemos llegado transitando por el camino fácil de olvidar cuanto han significado en otras épocas conceptos como, por citar algunos,  afán de perfección, o excelencia. Cuando hemos decidido que con que las cosas funcionen es más que suficiente; cuando hemos provocado, mediante la compra compulsiva de montones de cosas la insostenibilidad del sistema medioambiental; cuando hemos permitido eso que se ha dado en llamar “obsolescencia programada”, que no es  otra cosa que el fraude global de quienes fabrican productos a los que, de antemano, se ha fijado una fecha de caducidad, bien incorporando materiales de baja calidad, bien añadiendo a la “memoria” de sus circuitos internos la programación capaz de activar su muerte(mejor, suicidio) prematura.

         Pero hay más; vivimos en sociedad y nos maravillamos de lo inteligentes que somos al crear sistemas de gobierno en los que las personas elegidas tienen la misión de preocuparse de la administración  de bienes y servicios creados por el resto de la población. Luego, advertimos con decepción, sorpresa y rabia, que nuestro sistema político y nuestros políticos tienen más lagunas que el argumento de la serie de sobremesa “Amar en tiempos revueltos”; que nuestros administradores se han dedicado bien a enriquecerse personalmente, bien a hacer poderosos a los partidos de que forman parte, bien simple y llanamente a derrochar el fruto de nuestros esfuerzos. Sabiamente, eso sí, se ocultan tras sus máscaras de porcelana, impasibles, como jugadores de póker, mientras con absoluta desfachatez intentan convencernos de que cuanto sucede es por culpa de los salarios altos, las pensiones, la productividad o el elevado coste de la Sanidad. Son tan hábiles que socializan las pérdidas ocasionadas por su pésima gestión, pero en ningún momento han tenido el detalle de socializar los beneficios. Con una buena excusa, cierto es, “hay que generar riqueza para cuando vengan malos tiempos”.

         Obviamente no voy a incurrir en el error de incluir a “todos” los políticos en este saco, de la misma manera que también hay muchos ciudadanos responsables, pues de otro modo no me cabe duda de que la situación sería todavía peor, que no es poco.

         Por muchos esfuerzos que hagamos en mirar hacia otro lado, en cualquiera de los puntos cardinales de nuestra geografía patria podemos encontrar: aeropuertos sin autorización administrativa, tan vacíos como esas líneas de ferrocarril que ha habido que suprimir; obras con sobrecostes varias veces superiores al valor de la adjudicación; contratas municipales en las que las pérdidas originadas por la explotación son asumidas por los ciudadanos a través de la Administración Pública, aunque no se trate de un servicio público de primera necesidad, mientras los beneficios son exclusivos del adjudicatario. Podemos hablar también sobre los sobresueldos de los políticos y de altos ex cargos por su pertenencia a consejos de administración de empresas o fundaciones públicas. Cada uno que ponga su ejemplo más próximo.

         Habrá quien diga que eran otros tiempos, que había mucha riqueza. ¿Significa eso que el disponer de algo en abundancia justifica que se malgaste? Podríamos polemizar sobre ello, pero no es necesario. Basta con que pasemos la vista por algunas de las últimas actuaciones de nuestros dirigentes. La justificación al gasto realizado para perpetuar la memoria de los insignes ex presidentes del Congreso Srs. Bono y Marín, que fue autorizado por la Mesa del Congreso queda resumida en una sola frase que nos da idea de cuál es el pensamiento dominante entre nuestros dirigentes:” es más importante la tradición que el precio”  y, mientras, torpedos directos a la línea de flotación del Sistema Educativo, del Sanitario, de las Pensiones.

         Cuando, algún día pase ( si es que pasa) que se acaben las penurias, ¿quedará algún talento en nuestro país o se habrán ido a Alemania (que ,casualmente ,es uno de los que ha insistido en apretarnos las tuercas), Inglaterra, Estados Unidos, etc.? ¿Cuántos enfermos habrán quedado en el  camino mientras esperan su turno en esas interminables listas?

         Si fuera fatalista aceptaría aquello de “tenemos lo que nos merecemos”. Pero no lo soy; creo que se pueden cambiar las cosas. Pero para eso es absolutamente imprescindible que todos queramos participar y que a todos nos importe lo que suceda. Como bien expresa el grafiti cuya foto acompaña este artículo: “si no tú, ¿quién? si no ahora, ¿cuándo?

jueves, 5 de abril de 2012

Lo que hacemos y lo que debíamos hacer


Resulta extremadamente curioso que las personas seamos  más propensas a participar en asuntos que están distantes antes  que en aquéllos que, por su cercanía, nos afectan e, incluso, pueden ser más importantes para  nuestra vida personal presente o futura y para el progreso de la misma sociedad.

Así, todos nos sentimos generosos y solidarios con tal o cual país que sufre hambruna o terremoto antes que por aquélla persona que vive cerca, quizá debajo de un puente. ¿será porque es más fácil no saber a quién ayudamos y así nos evitamos el sentirnos responsables de su situación?

Nos parece que reclamar esto o aquello a los gobernantes de turno es “meternos en política”, cuando en realidad cualquier intervención que hagamos mediante voto, reclamación, opinando, etc. no es más que el ejercicio de la responsabilidad que , como ciudadanos, nos compete y es, a la vez, la fuerza para exigir los derechos que nuestras propias leyes nos otorgan y que, tantas veces ,el poder olvida. Sin embargo, está muy extendida la práctica de clamar contra cualquier dirigente, organismo o funcionario público, cómodamente sentados en la terraza de un restaurante ,ante una humeante taza de café o una copa de licor. ¿Para cuándo la acción de presentar un reclamación formal, por escrito, bien en solitario o a través de alguna de las entidades vecinales o de carácter social? ¿Nos hemos planteado la posibilidad de que lo que percibimos como mala actuación, omisión, indiferencia, no sea más que el reflejo de nuestra propia forma de encarar los asuntos?

¿Cuántas veces, ante una situación que no nos gusta, hemos planteado una propuesta para solucionarla? Es, sin duda alguna, mucho más fácil plantear una protesta, porque la propuesta exige pensar en soluciones y eso plantea un esfuerzo adicional que no es fácil arrostrar. Por supuesto que , no pocas veces, después de la propuesta viene la protesta, pero vendrá cargada de la fuerza que le otorgan más razones; las que hemos sido capaces de aportar como soluciones y no han sido atendidas, no por su dificultad o imposibilidad, sino por el hecho llano y simple de que han sido planteadas  desde estamentos ajenos al gobierno, sin más explicación.

Parece que nos da reparo reclamar nuestros derechos, aunque por esencia son irrenunciables. Nos planteamos las cosas y pensamos, o decimos:”total para qué” y, en ése preciso momento, estamos reconociendo que no es posible cambiar las cosas, invalidando la propia esencia de la democracia, como libre expresión de la ciudadanía.

Sin el silencio del corrupto, o cómodo, o miedoso, o cómplice, o indiferente  ¿sucederían cosas como las que conocemos a diario a través de los medios de comunicación?

Será cuestión de que nos planteemos seriamente si lo que vamos a legar a quienes nos sucedan es un montón de basura, de deudas o, por el contrario, la ilusión de una sociedad mejor en la que el esfuerzo, la honradez, el respeto, la solidaridad, hagan inviable la existencia de ciudadanos de tercera .