martes, 9 de octubre de 2012

IGNORANCIA

Confieso que soy un ignorante de categoría y, seguramente, nunca llegaré a nada. ¿Por qué lo digo?.
Sencillamente porque ni la experiencia que da la edad, ni los conocimientos adquiridos a través del estudio me han servido para desentrañar lo que quiere expresar un simple texto, que transcribo a continuación. Corresponde a parte de la página 44 de las Cuentas Anuales del ejercicio terminado el 31-12-10 de Ferrocarriles de la Generalidad Valenciana.
Yo leo(sic):" Los miembros del consejo de Administración no perciben ninguna retribución...no obstante, tres miembros del Consejo de Administración han recibido ...durante los ejercicios 2009 y 2010 ..."


¿Se comprenen mis dudas acerca de mi capacidad intelectual?

lunes, 8 de octubre de 2012

ARRUINAR LA NATURALEZA

En Alicante quedan muy pocos sitios donde encontrar la naturaleza en estado virgen. Lo más habitual es que hya sido martirizada más o menos salvajemente en función del desinterés, la corrupción o el afán mercantilista de algunos ( o muchos ) ciudadanos, en su acción o inacción como políticos, empresarios, o pasotas.
Paseo con cierta frecuencia por la Playa de San Juan y me dirijo hacia el faro del Cabo Huertas, allí casi se puede estar solo, mirando al mar, escuchando el griterío de las gaviotas o, simplemente, observando a aquél pescador que consume su tiempo pacientemente en espera de ése pez que nunca muerde el cebo aunque, muchas veces lo mejor es el almuerzo. Quizá un bocadillo de pollo con trozos de pimiento frito y ajetes, una cerveza que ha enfriado al abrigo de unas piedras mientras la mar va lamiendo suavemente la botella...
Pero no todo es paz, tranquilidad. Quien ama la naturaleza no puede dejar de sentirse ofendido cuando ve que ha sido violada impunemente, porque el autor no deja allí su identidad; tan sólo la imágen del daño causado.
¿Nadie ha visto lo que se ha hecho? ¿había otra forma de hacer lo que fuera sin causar tanto impacto?
Pues esto es lo que hay junto al faro del Cabo. Una gruesa capa de hormigón extendida sobre las rocas, a lo largo de varios metros. como ilustran las fotos







martes, 11 de septiembre de 2012

HE TENIDO UN SUEÑO


El otro día tuve un sueño, cuyo inicio fue hermoso, pero que acabó convirtiéndose en una pesadilla. Yo residía en una ciudad en la que todo el mundo vivía alegre y despreocupado. Todo cuanto hacían sus gobernantes era aplaudido de inmediato por una parte de la población, mientras el resto se dedicaba a manifestar su discrepancia en la barra del bar o en la cola del paro, sin llegar a ponerse de acuerdo pese a que, en el fondo, todos participaban de la misma opinión. El problema residía en que cada uno quería que prevaleciera su personal punto de vista.

Alguien, a quien llamaremos Job, tuvo la feliz ocurrencia de colocar buzones de sugerencias, con la esperanza de que las ideas que allí se aportaran sirvieran para asesorar a los gobernantes, especialmente en asuntos de vital importancia, como eran: educación, sanidad, vivienda, trabajo…, de manera que , cuando se planteara  una situación de especial dificultad, hubieran suficientes aportaciones como para resolver cualquier problema. Job recorría todos los buzones, todos los días y miraba en su interior a través de la rejilla para descubrir, día tras día, que nada había dentro. Pasó el tiempo, pero no perdió la esperanza y seguía en su empeño; aunque los buzones acumulaban telarañas y los gamberros los habían rayado y llenado de pegatinas, a él no le importaba dedicar parte de su tiempo a esta tarea, porque creía que las cosas podían cambiarse. Al fin tuvo que rendirse a la realidad de que nadie estaba interesado en exponer allí sus ideas.

Ocurrió que la crisis que se venía anunciando hacía tiempo, sobrevino y produjo cuantiosos daños económicos y sociales. El clamor por un cambio social y político era generalizado. Ante la proximidad de nuevas elecciones, unos y otros políticos se dedicaron a pensar, a convocar reuniones y asambleas de las que surgieron importantes iniciativas. Alguien se acordó de los buzones colocados por Job y sugirió que todas las opiniones e ideas se introdujeran en ellos, para estar al servicio de quien saliera vencedor en las elecciones, lo que-sin duda-le facilitaría el reconducir la maltrecha situación.

Llegaron las elecciones y el resultado fue abrumadoramente mayoritario a favor de quienes, hasta entonces, habían estado en la oposición. Se apresuraron a dictar normas y leyes, a hacer recortes en los presupuestos y en los salarios, aunque el tiempo demostró que ninguna de las medidas adoptadas producía efectos positivos. El descontento popular era patente.

En mi sueño, entraba yo en escena en esta situación, preguntándome si las ideas depositadas  habían sido tan malas que no habían servido para nada. Recorría todos y cada uno de los buzones y advertía que estaban repletos, de manera que los papeles sobresalían. Todos tenían el color amarillento con que la intemperie y el tiempo les habían dotado. El óxido estaba tan acumulado en las cerraduras que hacía imposible introducir la llave para abrirlos.

Desperté sobresaltado. Apenas podía respirar, así que me levanté cuidadosamente para no despertar a nadie y fui a tomar un vaso de agua. Decidí salir a la calle a dar un paseo para mitigar mi angustia y dirigí mis pasos a un buzón de sugerencias que había cerca de casa, con el corazón palpitante de emoción. A medida que me aproximaba e iba viéndolo mejor, advertí que las telarañas lo habían envuelto; cuando estuve junto a él pude comprobar que la cerradura había desaparecido y la puerta, forzada, yacía tirada en el suelo, rodeada de un sin número de sucios y pisoteados papeles. Miré en el interior del buzón; en un rincón había un papel blanco cuidadosamente plegado, que abrí con curiosidad y expectación.

Acercándome a una farola próxima, leí que tenía escrita tan solo una línea  que decía, simplemente:”¿vas a seguir esperando que sea otro el que arregle esto?”

domingo, 2 de septiembre de 2012

DE PELÍCULA




Viendo por n-ésima vez la película El Dictador, de Chaplín, sigo con mi idea de que las cosas no cambian en el tiempo. Somos las personas, que nos vamos acomodando de una u otra forma y aceptamos todo lo que nos caiga encima, porque “¡la vida es así!”

Dentro de ése tsunami arrollador que es la conformidad , la inconsciencia colectiva acepta  cualquier idea, por peregrina que sea. Para ello, los profesionales de la manipulación tienen medios a su alcance más que suficientes.

Así, uno puede –siendo mediocre- rodearse de otros tantos como él, dispuestos a elevarle a las más altas cúspides y a actuar a modo de barrera, de manera que todas las mareas de la disconformidad (si es que surgen), rompan antes de alcanzarle. Puede suceder,  también, que se elija a  alguien ajeno al círculo; una  “cabeza de turco”  cuya única misión sea seguir las directrices que se le transmiten, a fin de proporcionar a sus mentores  cuantiosos beneficios, de los cuales alguna migaja le llegará. También se puede seleccionar, entre la masa, a aquéllos cuya personalidad esté bien definida y que no tengan inconveniente en actuar en contra de sus iguales, siempre que les llegue su parte en el bocado. Y  no hay que desdeñar esa parte de la masa, oscura y gris, dispuesta a seguir cualquier consigna que se le indique, siempre que la propuesta nazca de su líder; no hay que pensar, no hay que comprobar, no hay que estudiar. Simplemente, hay que aplaudir.

Todo esto, aderezado con la sublime razón individual de :”para qué voy a molestarme, nada cambiará”, lleva a situaciones de desastre, asumibles tan sólo porque  colectiva e individualmente se  ha aceptado con naturalidad que “si ellos roban, yo también” y se participa por acción u omisión, en el fraude y la corrupción ignorando, estúpidamente, que “ellos” y “nosotros” no estamos haciendo otra cosa que utilizar el mismo cajón, el de los impuestos, que ni son del Estado, ni del Ayuntamiento, ni de la Comunidad; son tuyos, míos y, “suyos”, naturalmente. Aunque hay una salvedad; mientras nosotros tal vez tengamos la remota posibilidad de no pagar, solo “ellos”  pueden meter mano en el cajón, porque tienen la llave .

…Y se la hemos dado ¡¡¡nosotros!!!

lunes, 27 de agosto de 2012

ALICANTE, MI CIUDAD, COMO LA SIENTO

Estoy en la parte vieja de la ciudad. Calles de empinadas cuestas, placetas y rincones; lugares en los que pasear la mirada lejos de la multitud; tan solo acompañado por otros tan soñadores, quizá, como uno mismo. Aquí, una fuentecilla, vestigio de un pasado más o menos glorioso antes que artilugio proveedor de agua, ahora que la venden embotellada y el abandono  y la obsolescencia han relegado su utilidad al olvido. Allá, una callejuela, toda ella escalera de piedra, donde la Semana Santa brinda ocasión al observador de admirar hasta donde puede llevar su fe a muchos hombres, sube hasta la cima del monte. En ella, orgullosa, inmune al paso de los siglos, la pétrea faz del Rey Moro contempla la ciudad, como si fuera suya. Estrechos pasillos, recodos, callejas ciegas cuyo único propósito es servir a los que allí moran, negando el paso más allá, a cualquier otra parte. En las paredes blancas y en sus esquinas y junto a los portales de las apiñadas casas, macetas, tiestos con rojos claveles, margaritas de diversos colores, buganvillas … que, al distraer la mirada inducen a la exaltación de la belleza sin artificio, don privilegiado que la madre naturaleza confiere a las flores. Y uno, mientras pasea, respira profundamente. Y , a ratos, descansa, apoyándose en alguna pared o sobre cualquiera de los recios y fríos escalones de piedra. Apenas hay otro ruido en el aire que el de algún ocasional aparato de radio emitiendo música o, quizá, el que proviene del Bar de Antonio, donde las amarillentas fichas del dominó en su trasiego sobre la mesa de mármol, nos  recuerdan que cuatro amigos están “echando la partida” mientras saborean unas olivas partidas y, a pequeños sorbos, el tinto de la tierra. Me gusta ir allí con la pequeña cámara fotográfica en el bolsillo. Siempre hay algo interesante, algún detalle que me gusta preservar. En el mes de Mayo , la Fiesta de las Cruces de Mayo, con sus floridos adornos llena más, si cabe, de colorido sus rincones. Algunos extranjeros, con ropa de verano en cualquier época, miran curiosos aquí y allá, enfocando, también, con su cámara una puerta, un letrero, aquélla cruz o la diminuta hornacina con una imagen… Asoman en alguno de sus bolsillos un plano, al que, a menudo, recurren como si fuera posible extraviarse en aquélla intimidad, como si las calles en su bajar, subir y cruzarse pudieran hacer otra cosa que conducir al corazón de la ciudad y al mar que la ciñe desde ése puerto en el que cientos de naves recalan a su abrigo, mientras grupos de desganadas gaviotas sacuden, de cuando en cuando, sus alas y dan un pequeño vuelo hasta unos metros más allá, como si quisieran demostrar de lo que son capaces. Orillando el puerto, las palmeras, a impulsos de la brisa mueven sus hojas y en ellas reflejan el brillo de los rayos del ya cálido sol de primavera. Mientras, en alguno de los bancos y con el mar como testigo, esta o aquélla pareja inician su escarceo amoroso, intercambiando caricias y besos, ajenos a cuanto les rodea. Seguramente amaría esta ciudad, aunque no fuera la mía, hasta sentirla como tal. Todavía conserva el ambiente tranquilo que propicia el paseo reposado y tranquilo y, si uno está atento a lo que susurran las olas , a buen seguro que sabrá interpretar que le están diciendo:”no te vayas, no te vayas”

He vuelto

La acumulación de tareas, derivadas de la poca costumbre de decir "no", me han impedido darle la continuidad que hubiera deseado a este blog. pero ha sido hasta hoy. He decidido plantarme y, a partir de este momento, procuraré decir algo. Para empezar, un breve relato extraído de lo visto, sentido... de la emoción que produce el estar en un sitio, en una ciudad, que une ama como propia, con lo que eso trae consigo, no siempre grato, aunque uno trate de disimular, que para eso sirve-también-el amor.

Buen verano

Paco