domingo, 9 de noviembre de 2014

EL INSPECTOR SUAREZ Y EL ASESINO VEGETARIANO(VI)

(continuación)



“Sí, respondió este, añadiendo: “tenía una agenda muy apretada, pero excepto cinco de las llamadas, el resto corresponden a empresas de servicios, según hemos podido comprobar. En el período que nos interesa están las correspondientes al Restaurante El Cisne Blanco, a Ángel Domínguez y a Arturo Soria”.
            “Bien” dijo Suarez, enfrascándose en la visión de las fotografías y la lectura de los aspectos de la escena del crimen. Poco más tarde añadía: “Según veo en el informe parece que hayan cenado dos personas únicamente. Una de ellas tomó carne y la otra ensalada. Hay un plato con espárragos y un recipiente con mayonesa, pero sólo había un cuchillo de carne, el que tenía clavado la víctima ¿Qué opinas, Antón?”.
            “También yo había llegado a esa conclusión, pero estaba esperando el informe  del forense con los resultados de la autopsia, a fin de confirmarlo” respondió este.           Hacia las nueve de la mañana llegó el informe. Ambos, fueron leyendo:
Causa de la muerte:    Cuchillada en  el corazón, causando muerte instantánea  
Señales de lucha:        No
Muestras de tejidos o partículas:       No
Muestras estómago: Trozos de carne sin digerir, aceite,  lechuga, vino
Hora de la muerte: Alrededor de las 10 de la noche de ayer. 
“Esto confirma nuestra teoría de que hubo dos comensales, uno tomó carne y el otro verdura. Recuerdo haber leído algo sobre alimentos saludables y , en concreto, de los espárragos “dijo el Inspector Suarez, tecleando en su portátil. “A ver; sí, aquí está la página web. Es www.cocinasanayvidasana.com y esto es lo que me llamó la atención” señaló en la pantalla; en una de las líneas del informe sobre los espárragos, se leía: Son diuréticos. Tras su ingesta la orina adquiere un olor peculiar, como a yerba; no se elimina hasta pasadas 24 horas.

(continuará)

sábado, 8 de noviembre de 2014

EL INSPECTOR SUAREZ Y EL ASESINO VEGETARIANO (V)

(continuación)



           El vigilante respondió:”No recibía muchas. Eran casi siempre personas de buena presencia. A veces finalizaba mi jornada y todavía no se habían ido”.
            “¿Hay algún registro de control de entradas y salidas?” inquirió de nuevo el inspector Suarez. “No, desde que se instalaron las cámaras de seguridad”, fue la respuesta que dio el interpelado.
            “Bien, el apartamento quedará precintado hasta que el juez lo considere necesario. Si recuerda Vd. algún dato que crea puede ser de interés, me llama a este teléfono”  añadió el Inspector Suarez entregándole una tarjeta de visita y saliendo a la calle, seguidamente.
            Mientras la policía recogía las cintas y vallas que restringían el acceso al edificio, la gente que se había ido reuniendo alrededor se alejaba poco a poco  y, finalmente, la calle quedó tan tranquila como cualquier día laborable a aquélla hora. Como si nada hubiera sucedido. La vida seguía su curso.
            La empresa de vigilancia mostró al Inspector Suarez todas las grabaciones del Edificio Estrella referidas al día anterior, entre las 8 y las 11 de la noche. Visionando las imágenes secuencialmente fue descartando una a una a todas las personas que habían entrado o salido del edificio antes de que el servicio del supermercado entregara el pedido de la víctima. Finalmente, tres personas fueron catalogadas como presuntos sospechosos. El Inspector solicitó una copia de la grabación, que le fue entregada de inmediato y volvió a la comisaría.
            Sobre su mesa ya tenía el informe preliminar del equipo de investigación, relativo a la toma de huellas, fotografías, detalles de la escena del crimen, etc. Mientras abría la carpeta, llamó a uno de sus subordinados: “Antón, ¿se han comprobado las llamadas hechas o recibidas por la víctima?”.

(continuará)

jueves, 6 de noviembre de 2014

EL INSPECTOR SUAREZ Y EL ASESINO VEGETARIANO (IV)



(continuación)
“¿Qué hay en el otro plato?” inquirió el inspector. “Una ensalada con lechuga, tomate y espárragos”, respondió el Dr. Benítez. “le informaré, si obtengo más datos, cuando haga la autopsia” añadió, retirándose.
            “Bien”. El Inspector Suarez, dirigiendo de nuevo su atención  a Ana,  preguntó: “¿Seguro que no sabe con quién iba a cenar?”. Esta negó con la cabeza.
            Preguntó, de nuevo: “¿Conoce Vd. el restaurante El Cisne Blanco?”. “No”. Respondió Ana. “Sé que la señorita guardaba el teléfono en su guía personal” y señaló una delgada guía encuadernada en piel,  en cuya portada estaba escrito :Teléfonos. Una carta, cuyo sobre estaba sin abrir, separaba sus páginas. El inspector la abrió  y, entre varios nombres, leyó: El Cisne Blanco 900 20 30 40. En el sobre estaba escrito a lápiz: Arturo a las 9; vegetariano.
            Uno de los policías uniformados se aproximó al inspector.”Hemos tomado huellas y sacado fotografías. ¿Podemos levantar el cadáver?”. Este asintió y dos de los asistentes del forense retiraron el cadáver en una camilla, sacándolo del apartamento.
            “Puede Vd. irse a casa, señorita Ana”, dijo el inspector Suarez.  “La llamaré  si necesito alguna aclaración. Agradeceré que no abandone la ciudad hasta que pasen unos días. ¿Tiene Vd. vehículo?·”
            Ana asintió y salió, acompañada del Inspector. Ambos tomaron el ascensor. Al llegar a recepción se despidió de ella y dirigiéndose al vigilante de seguridad. “Vd. es  Víctor, ¿cierto?” dijo hojeando su libreta de notas. “¿Puede indicarme algo acerca de las visitas que recibía la señorita Laura?””¿Hay alguna cámara que controle el edificio?”. Aquél respondió: “Tiene dos salidas, cada una de las cuales es controlada por una cámara. Las grabaciones se guardan en la sede de la empresa  Vigilancia y Seguridad, S.A”.
            “Y, de las visitas, ¿qué me dice?” insistió el Inspector Suarez.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL INSPECTOR SUAREZ Y EL ASESINO VEGETARIANO (III)

(continuación)



El sonido, en principio lejano, de varias sirenas de policía fue haciéndose más intenso y se detuvo bruscamente. Casi de inmediato  el vigilante  apareció, acompañado de dos hombres de paisano y varios uniformados. Quien parecía estar al frente del grupo se dirigió a Ana mostrándole una acreditación. “Soy el Inspector Suarez y este es el Forense,  Dr. Benítez”. Al tiempo hacía señal a los otros hombres que se dirigieron al interior del apartamento.
            “¿Puedo hacerle unas preguntas, señorita?” dijo el inspector Suarez a Ana, que musitó. “Bien” y, de una andanada, aquél las formuló todas: “¿Fue Vd. quien encontró el cadáver?” “¿A qué hora?””¿Cuándo la vio viva por última vez?”.
            Ana, aturdida aún , le miraba con expresión ausente. Sus ojos estaban enrojecidos. Retorcía entre sus manos un pañuelo, humedecido por las lágrimas y manchado de rímel y carmín. Como si estuviera narrando una novela, comenzó a hablar: “Encontré  el cadáver cuando fui a correr las cortinas y abrir las ventanas; sé que eran las ocho en punto, porque, apenas entré en el apartamento, sonó el reloj de cuco y miré el mío de pulsera. Dejé a  la señorita Laura a las siete de la tarde. Cuando llegué esta mañana, la puerta no estaba cerrada con llave; me pareció extraño y llamé, pero no recibí respuesta. Ella estaba tendida en el suelo…” Su voz se cortó con un sollozo pero, reponiéndose, continuó:”…tenía los ojos muy abiertos y miraba al techo. Un cuchillo de trinchar carne estaba clavado en mitad de su pecho”.
            El Inspector  tomaba notas en su libreta. “Dígame, ¿vino alguien a cenar anoche?”.  Ana respondió: “No lo podría asegurar, porque suele encargar la cena en el restaurante de la esquina, El Cisne Blanco”.
            En ése momento, apareció el forense. “Inspector –dijo- no hay otro signo de violencia que el cuchillo clavado en el pecho. Es el de su propio servicio, porque hay un plato con carne de la que ella tiene restos  en la boca. Todavía sostiene el tenedor en su mano izquierda. Fue un golpe certero, le partió el corazón. La muerte debió suceder entre las ocho y las once de la noche de ayer”
(continuará)

martes, 4 de noviembre de 2014

EL INSPECTOR SUAREZ Y EL ASESINO VEGETARIANO (II)

(continuación)



          En la estancia, apenas una leve claridad se filtraba entre los cortinajes que cubrían las ventanas. Sobre la mesa, las velas de los candelabros casi consumidas   arrojaban una vacilante y mortecina luz. Pequeñas estalactitas y estalagmitas céreas se habían formado bajo  cada uno de los brazos de los candelabros. Una copa medio llena de vino blanco y otra, volcada al otro extremo de la mesa, acompañaban a varios platos a medio consumir. Ana rodeó la mesa, corrió las cortinas y abrió las ventanas; era necesario airear el ambiente enrarecido por la combustión de las velas.
            Tropezó y estuvo a punto de caer. Miró hacia abajo. El cuerpo de Laura, tumbado en el suelo, con los ojos muy abiertos mirando al techo, tenía clavado en el pecho un cuchillo de trinchar carne. Ana se aproximó, superando su miedo. Tocó el rostro de Laura. Estaba frio, terriblemente frio. Sin poder evitarlo comenzó a gritar, mientras se dirigía hacia la puerta. Apenas transcurridos unos minutos apareció, jadeante, el vigilante jurado. “Lo siento”, dijo, “están reparando el ascensor y no he podido llegar antes. Dime, ¿qué ocurre?”
            Ana le interrumpió, gritando histérica. “¡Está, muerta, está muerta!”  , señalando en dirección al comedor.
            Víctor la apartó  y se adelantó hacia la estancia, descubriendo el cuerpo. Como si hubiera estado haciéndolo toda la vida, sacó de sus bolsillos unos guantes, se los puso y, tomando el  teléfono marcó, con decisión, una serie de números. Habló: “Llamo desde el apartamento 3 B del edificio Estrella, en Avenida Galaxia, 24. Se ha cometido un crimen”. Colgó seguidamente,  inquiriendo a Ana: “¿Has tocado algo?”. Ella negó con la cabeza mientras sollozaba. “Mejor” respondió Víctor y la acompañó, pese a su oposición, hasta el pasillo, donde la obligó a sentarse en uno de los sillones mientras decía: “He llamado a la policía. Voy a abrirles la puerta. No te muevas ni toques nada”. Ella  asintió.
(continuará)